
viernes, 24 de agosto de 2007
viernes, 3 de agosto de 2007
Lisa Cargnelutti

Ni rabia ni deseo
después del ruido
Era cuadrada la mesa
tiré la botella pedí disculpas
escuché los motivos
de papel sudado
Después las horas
hacia delante
mentirosas
Silencio de gente
mentira buenos días
buenas tardes
mentira mi nombre y mi cansancio
Ni miedo ni desprecio
No tiembla la palabra
Pero todavía
recuerdos contaminados
§
Panes dulces
domingo en casa con el invitado clandestino
trozo de pasado te miro
no te cubrió el polvo
trajiste palabras nuevas en mis manos
no aclares
sé cuanto dura un domingo y guardar los restos después
conozco el silencio de la espalda
y será la próxima
y habrá panes dulces
para convidar al que conoce los caminos a casa
§
Cuántos disparos imaginarios he dado
por esta cuadrícula urbana
por sus cloacas
todas las caras de las ratas
En mi casa
mi reflejo cansado
duerme de noche
§
La gota
débil
insiste
Con ese ritmo
respiro
Y es de luz
tu palabra
sólo en mi memoria
Respiro tu palabra
sin las manos
no la suelto
después del ruido
Era cuadrada la mesa
tiré la botella pedí disculpas
escuché los motivos
de papel sudado
Después las horas
hacia delante
mentirosas
Silencio de gente
mentira buenos días
buenas tardes
mentira mi nombre y mi cansancio
Ni miedo ni desprecio
No tiembla la palabra
Pero todavía
recuerdos contaminados
§
Panes dulces
domingo en casa con el invitado clandestino
trozo de pasado te miro
no te cubrió el polvo
trajiste palabras nuevas en mis manos
no aclares
sé cuanto dura un domingo y guardar los restos después
conozco el silencio de la espalda
y será la próxima
y habrá panes dulces
para convidar al que conoce los caminos a casa
§
Cuántos disparos imaginarios he dado
por esta cuadrícula urbana
por sus cloacas
todas las caras de las ratas
En mi casa
mi reflejo cansado
duerme de noche
§
La gota
débil
insiste
Con ese ritmo
respiro
Y es de luz
tu palabra
sólo en mi memoria
Respiro tu palabra
sin las manos
no la suelto
Liliana García Carril

razón de más
El cuerpo toma decisiones
sin consultarme
crujen las rodillas
como si pisara escarabajos
y la cintura parece quebrarse
como una galleta.
De tu boca, en lugar de humedad
y tibieza, fluyen, frías y secas,
razones científicas, sociológicas
y hasta literarias
palabras palabras palabras
puede procurármelas
y bien organizadas
una enciclopedia
y el cuerpo,
¡oh, traicionero!
encuentra alivio en todas las teorías
pero sigue olvidándose de mí.
el amor necesita un futuro
en la cocina
el porvenir es posible
probables la boca
y la vaga idea de ser alimento
ser el jugo de una fruta,
no dulce sino líquido,
no la fruta sino el carozo
al que se llega sin hambre
pero con enjundioso placer
ser un carozo y terminar
en las raíces de tu árbol
o en una maceta,
incluso en un vaso
con agua estaría bien.
de La mujer de al lado Bajo la luna, 2004
§
algas marinas arrancadas de sus costas
por ciclones de verano
se arrastran hasta una zona calma.
me arrastro hasta encontrar una zona calma,
no hay que alarmarse; se llega
en algún momento de la conversación
y se cambia de tema, se habla
del brillo de las algas en el agua.
algas marinas arrancadas de sus costas
por ciclones de verano
se arrastran hasta una zona calma.
me arrastro hasta encontrar una zona calma,
no hay que alarmarse; se llega
en algún momento de la conversación
y se cambia de tema, se habla
del brillo de las algas en el agua.
inédito
cuidar y alimentar a otra poeta
Estoy de vacaciones con una gran poeta.
Será lo nutritivo de la conversación
lo que me hace aumentar de peso.
Noto que la gran poeta
no sufre del horror de la página en blanco
sino del vacío de la heladera,
la incertidumbre de qué comeremos
las cinco noches que nos quedan.
cuidar y alimentar a otra poeta
Estoy de vacaciones con una gran poeta.
Será lo nutritivo de la conversación
lo que me hace aumentar de peso.
Noto que la gran poeta
no sufre del horror de la página en blanco
sino del vacío de la heladera,
la incertidumbre de qué comeremos
las cinco noches que nos quedan.
inédito
Alicia Genovese

La conductora
El auto coleó descontrolado
en la vía rápida;
en la curva conocida
a más de 100
el volantazo pavloviano
esquivó las rejas,
la ligustrina
y se clavó, entre una y otra
como en boxes;
daños mínimos
y dos gomas desinflándose
La conductora abrió la puerta
y bajó al lento
mundo del césped
Siguió la serpiente
de los neumáticos
en el asfalto,
sus obsesiones calcadas
en la huella de caucho,
y la muerte se le incrustó
en el estómago
como un volante
Vio lo cerca que está
lo que está a distancia
y el breve espacio
de maniobra
Recogió las tasas,
un trozo de retrovisor,
disuelta la golosina
de la velocidad;
deformadas las llantas
por la ley de Newton,
la inercia, la tristeza
que no puede saltearse
Recibió a los ángeles
en medio del tránsito urbano
Una nube blanca le atravesó
de lado a lado las sienes
y una respiración asmática
la curaba
cuando el paseador de perros
se acercó corriendo, preguntó
y la miró con ojos grandes:
caminaba
con movimientos normales
alrededor de sí
El auto coleó descontrolado
en la vía rápida;
en la curva conocida
a más de 100
el volantazo pavloviano
esquivó las rejas,
la ligustrina
y se clavó, entre una y otra
como en boxes;
daños mínimos
y dos gomas desinflándose
La conductora abrió la puerta
y bajó al lento
mundo del césped
Siguió la serpiente
de los neumáticos
en el asfalto,
sus obsesiones calcadas
en la huella de caucho,
y la muerte se le incrustó
en el estómago
como un volante
Vio lo cerca que está
lo que está a distancia
y el breve espacio
de maniobra
Recogió las tasas,
un trozo de retrovisor,
disuelta la golosina
de la velocidad;
deformadas las llantas
por la ley de Newton,
la inercia, la tristeza
que no puede saltearse
Recibió a los ángeles
en medio del tránsito urbano
Una nube blanca le atravesó
de lado a lado las sienes
y una respiración asmática
la curaba
cuando el paseador de perros
se acercó corriendo, preguntó
y la miró con ojos grandes:
caminaba
con movimientos normales
alrededor de sí
De La hybris, en prensa (de próxima aparición)
La casa en el aire
junio 29
El terreno fue desmalezado
y la tierra apareció rugosa
como la piel de un recién nacido;
apilados los troncos
dominada la zarza en lo bajo
entré y con una vara
marqué la zona para rellenar,
poco alcanzado por el sol
un limo informe;
al darme vuelta
vi el círculo de árboles
donde iba a estar la casa
y permanecí en su interior
como en un campo gravitatorio;
era el aire, un soplo,
una bienvenida; concluía
un país extranjero
y el páramo invernal,
despoblado el monte
a machete, se reordenaba
con los nuevos
accesos de la luz;
supe de los lugares que te eligen
y se convierten en un centro
sólo con mostrarte
que hay tierra alrededor
que en un giro
se oxigena el futuro;
a la extensión desprovista,
me entregué, sin votos,
a esa soleada austeridad
me confié, sin liturgias;
la vara era tibia
como la primera chispa
y el comienzo, ése
septiembre 8
Echar arena fue traumático
dos barcos descargaron
armando largas tuberías
y el terreno comenzó
a emparejarse
y pensar en las plantas
encontró la prolija
aspereza del relieve
Los vecinos decían
que la hojarasca y el barro
de las mareas luego, sedimentan
van mezclando de oscuro
ese amarillo extranjero
ese color de otras costas
en una hibridación inevitable,
después el pasto crecería
Trepadoras secas tironeé
colgadas de árboles enormes
y espinas, poco visibles,
hicieron lo suyo
sin bondad artificiosa,
pero mientras duraba el mate, vi
un arbusto medio escondido
entre una parva mustia:
un membrillo que echaba
cantidad de flores blancas,
marfiles anticipos de otras,
rodeado, como estaba, por la arena;
confabulado, el libro
que traía en mi bolso
también se situó en el sitio
del devenir:
muestra tu rostro, decía Rũmĩ,
porque el huerto y el jardín de rosas
son mi deseo
y un sol nuboso de invierno
el desierto persa, quizás
o el amante más hostil
resistieran su pedido,
pero estas ramas se alargaron
como una cesta de mimbre
y las flores del membrillo fueron
talismanes, un nudo atado
contra la aridez
Restaba tomar la paciencia
que tienen los ojos del lugar,
nimio, el indicio alcanzaba
para agujerear la negación
y encenderla;
la tarde caía en los claros de rojo
que empezó a volcarse
como un vino temprano
junio 29
El terreno fue desmalezado
y la tierra apareció rugosa
como la piel de un recién nacido;
apilados los troncos
dominada la zarza en lo bajo
entré y con una vara
marqué la zona para rellenar,
poco alcanzado por el sol
un limo informe;
al darme vuelta
vi el círculo de árboles
donde iba a estar la casa
y permanecí en su interior
como en un campo gravitatorio;
era el aire, un soplo,
una bienvenida; concluía
un país extranjero
y el páramo invernal,
despoblado el monte
a machete, se reordenaba
con los nuevos
accesos de la luz;
supe de los lugares que te eligen
y se convierten en un centro
sólo con mostrarte
que hay tierra alrededor
que en un giro
se oxigena el futuro;
a la extensión desprovista,
me entregué, sin votos,
a esa soleada austeridad
me confié, sin liturgias;
la vara era tibia
como la primera chispa
y el comienzo, ése
septiembre 8
Echar arena fue traumático
dos barcos descargaron
armando largas tuberías
y el terreno comenzó
a emparejarse
y pensar en las plantas
encontró la prolija
aspereza del relieve
Los vecinos decían
que la hojarasca y el barro
de las mareas luego, sedimentan
van mezclando de oscuro
ese amarillo extranjero
ese color de otras costas
en una hibridación inevitable,
después el pasto crecería
Trepadoras secas tironeé
colgadas de árboles enormes
y espinas, poco visibles,
hicieron lo suyo
sin bondad artificiosa,
pero mientras duraba el mate, vi
un arbusto medio escondido
entre una parva mustia:
un membrillo que echaba
cantidad de flores blancas,
marfiles anticipos de otras,
rodeado, como estaba, por la arena;
confabulado, el libro
que traía en mi bolso
también se situó en el sitio
del devenir:
muestra tu rostro, decía Rũmĩ,
porque el huerto y el jardín de rosas
son mi deseo
y un sol nuboso de invierno
el desierto persa, quizás
o el amante más hostil
resistieran su pedido,
pero estas ramas se alargaron
como una cesta de mimbre
y las flores del membrillo fueron
talismanes, un nudo atado
contra la aridez
Restaba tomar la paciencia
que tienen los ojos del lugar,
nimio, el indicio alcanzaba
para agujerear la negación
y encenderla;
la tarde caía en los claros de rojo
que empezó a volcarse
como un vino temprano
de Química diurna, Alción, 2004
miércoles, 1 de agosto de 2007
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