sábado, 12 de diciembre de 2009

Martín Armada




















Por compañero de ruta
es justo que algunos me miren con recelo,
copiando la distancia que un caballo
toma de un perro apestado.

la luz que entra por la ventana de la pieza
me hace pensar:
Stalingrado.
Sin ninguna moción particular,
sin chispa que valga ser llamada reflexión.

La luz pasa y es floja
y acá hace frío y es cierto que el frío sobrevive
en un cuerpo macho hasta volverlo un dibujo de saliva.

Ayer escuché a alguien diciendo la palabra “corazón”
por eso mientras espero que la estufa caliente
pienso al mismo tiempo en canciones de radio

y en la forma simple que algunos tienen de decir
que la lealtad es un bautismo,
que la traición es una cicatriz que se huele.



*
I.


porque pagaron con cobre
mis estudios sentimentales honro
a mi padre y a mi madre,

la casa con perro de mi padre,
la casa de mi madre
desde la que se ve una iglesia.

II.

para padre y madre el espíritu
se levanta sobre lo concreto
y si es como un vapor
es el que sube de las cosas,

padre y madre en el olor del pan que se quema
ven prenderse fuego un campo de trigo.



*

Desplazadas por gaviotas
las palomas ya no anidan
ni agrietan con su ácido el sueño
donde líneas rectas se mantienen
y cruzan como cables
el cielo amado de la ciudad de mis amores.

Que no sirva el sueño de refugio,
que no sirva ni de cobertor ni de consuelo sirva,
porque lo que pasa, dura pata de palo,
afuera se afirma:

autos del lado contrario,
el despunte de la decepción en un pasaje sucio,
muchos chicos en la lluvia y el viento.

*

Vamos, los muchachos de azul

antes por seguir una pelota
mandaron tanques que quemaron pasto y gente

hoy estamos nosotros.

Vamos, los muchachos de azul

Llueve y los amigos de los amigos
me pasan la botellita,
aunque el equipo gane o pierda
acá y en cualquier lado se tiene que perder la cabeza,
que por más que no se vea hay algo que ata a algunos
y los separa de los otros.

Llueve, llueve y lloverá,
pero nadie se mueve,
ideas se afianzan.

La evolución de las especies es fascinante
y el corazón de las ciudades transpira como un animal cruel.



*

Sentado desde acá
veo trabajar el puerto,
a los chicos en una playa sin arena
al borde de un país que se termina de golpe.

de paso cuento cuervos,
es como contar palomas o gorriones,

contar cuervos,
divertimento simple y austero,
una buena manera de sacar de la lista que traicioné
a mis mejores amigos.

Oh, que sus caras te persigan en la noche,
Ey, que si ves el sol de nuevo te ardan los pies
y te quemen los ojos,
Ay, que sus nombres sean pozos en un campo
permanente, sin mar, ni ríos, ni canales.

Daniel Samoilovich















Recordando una noche en Pekín

Cuando los rayos de la luna tropezaron
con el biombo decorado

las luciérnagas tejidas con hilos de seda
parecieron cobrar vida;

con abanico de gasa las ahuyentamos
y desdeñosas subieron al cielo

escalón por escalón. Trato hecho: sea para ellas
la bóveda donde una vez al año

se encuentran Boyero y Tejedora,
para nosotros nuestro escondite

tras el biombo, acá en la Tierra.


No pintar

El reflejo de los juncos en el lago
es verde claro, alrededor el violeta

indica la zona de menor profundidad, el azul
es ya la marca del abismo. Me resisto

a abrir la caja del papel y los pinceles.
Es bonito pintar y es bonito no pintar.

Dejar que la vida transcurra,
respirar: en el doble movimiento

de aspirar y espirar
está el juncal, su reflejo y sus flores que nunca florecen.

(Ni en el juncal ni en el reflejo florecen,
cabecitas que piensan-no piensan.)

Es bonito pintar y es bonito no pintar.
La vida es verde y es marrón,

mi mirada hace las veces del hondo azul,
mi tristeza el violeta de las aguas someras

que el pescador evita a fin de no enganchar
el anzuelo en las algas del fondo.


El combate del día

Me despertaron los zorzales, más ruidosos
que de costumbre. Durante la noche

llovió, y en la tierra húmeda
los gusanos no encuentran escondite.

Pata-sutil, dorso emplumado, duro pico,
hoy vence a escurridizo-cavador

en el primer asalto y por K.O.


El bosque fosforece como un mar...

El bosque fosforece como un mar,
la misma fiebre fría, pero muda,

el mismo ir y venir, sólo que inmóvil.
Las algas son los malos pensamientos

que cuelgan de los árboles, sin dueño.
Así es mi sueño, en este bosque duermo

y unas polillas que sobraron de la tarde
bailan en el rayo de luna.

—¿Verdad que somos bellas?
—Si no lo fueran —dice el rayo—, no

me tomaría el trabajo de alumbrarlas.


Ya volverán

Viene la madrugada con sus dedos rojos,
detrás viene rodando la mañana

como una epidemia de hepatitis A:
rueda sobre las casas suburbanas,

sobre las altas torres, la quema y el mar:
de este a oeste rueda: algunos demoran

en saber dónde están, otros entienden de inmediato:
algunos niños lloran: algunos adultos deberían llorar:

las estrellas agitan sus bracitos
en señal de despedida: ya volverán:

pero no todos los que ahora desperezan
seguirán vivos cuando asome la tarde.


Preguntas


¿Por qué se terminó?
¿Había algo más importante?

Vuelan los ánsares
de aquí a la Luna, al Lejano Palacio.

¿Es que la vocación de ser felices
no era en nosotros lo bastante fuerte?

¿O había algo que hacía que supiéramos
que todo aquello no podía durar?

Pero tampoco la vida durará para siempre
y no por eso desdeñamos vivir.

¿Por qué, entonces, terminó?

de Molestando a los demonios, Ed. Pretextos, 2009

Sonia Scarabelli

















El álamo negro

Despojado en apariencia
de toda vida
y vivo.

Así lo recuerdo
parado y puro
y desierto
por entero de hojas.

Ese árbol era
un álamo negro
pero nosotros nunca
le dimos un nombre.

Era el árbol.
Era real
y era un sueño
que habíamos tenido.

Todavía frondoso
cantaba al principio del otoño
entre los vientos
con tal belleza
que se quedaba uno
hechizado al paso
y sin saber por qué
también cantaba
de vuelta a la casa
por las noches.

Fue el gran espíritu
de una calle sin historia
en la que crecimos
pequeños y frágiles
derivando en un río
de luz incomprendida.

Oh, cuánto hubiésemos querido
crecer y cantar como ese árbol.
Altos y sin temor
y unidos a la vida
con raíces tan hondas.

Pero nacimos débiles
como ciertos pájaros
y a la hora del crudo invierno
volamos lejos.

A veces sueño
reencarnar
en una hoja de ese árbol.
En mi sueño caigo
dulcemente a sus pies
y allí de nuevo
por un instante
todo es uno.


El príncipe

El joven ciruelo
delgado como un junco
con las hojas
salpicadas de oro
me hace pensar
en un príncipe enfermo

si pudiera bailar
para él
como una concubina
y cantar con una boca
roja y tierna
las bodas floridas
de septiembre

y el verde traje
brillante de octubre
y los frutos redondos
y purpúreos de noviembre

si supiera
descorrer para él
los velos del futuro
y mostrarle
la blanca corona
que ceñirá su dulce frente
en un tiempo no lejano

con qué felicidad lo haría
aunque debiera
volverme yo misma
un engaño de la fiebre
una sombra danzante
en la tarde de otoño


ropa tendida

Suelta en la fresca media sombra
mientras el sol oblicuo cae
sobre las terrazas silenciosas,
se balancea la ropa tendida,
y este pequeño cuadro contemplado
de la prenda moviéndose en el aire
me vuelve más dulce la mañana.

Veo ahí un gesto que se prolonga atrás
como a la orilla
de un reino que tuvimos y era
del sol y todos los elementos,
allí esperábamos
giro de la estación pero también
vida y muerte dadas como en una
mano de madre,

distribuidas
como si todo fuera parte de esa
continua, cambiante forma
tan amorosamente empecinada
en mecernos bajo la luz
hacia el batiente y hondo
corazón del misterio.


Stapelias

Las Stapelias son unas extrañas plantas suculentas cuyas extremadamente grandes y bellas flores con forma de estrella sueltan un olor pestilente que atrae a las moscas. Su velluda, áspera textura imita la carne podrida de un animal muerto.

Piel de lagarto,
estrella de mar,
carroña

stapelia
orbea variegata

a mi madre y a mí
nos recordaba
la piel de los escuerzos

tu flor brillante abierta
con puntos grietas de oro
sobre el pardo rugoso
de los pétalos

Animalito
de desolación
cuánta belleza
fragilidad detrás
de la máscara
de diosa,

alma escondida
humilde
hablando de la carne
que perece

Fascinadas te vimos
soltar las cinco puntas
de tu estrella
por años
sin saberte
el nombre cierto

¿qué es aprender
un nombre?

temor y reverencia
nos daba
tu flor
de cielo inverso

carita de la vida
de la muerte
hermosura
nuestra

corrupción
que se anuncia
deslumbrando


No la nada

Para Germán Scarabelli
In memoriam

¿Será verdad que sólo
hay un vacío enorme tras las cosas
cuando vemos
subir la luz de un cielo como este
y abrirse el día así? ¿Será
verdad que atrás de estos colores
que el otoño dispersa, la belleza
y el dolor de los cuerpos
un santo ríe y nos espera
gozando de su engaño
con la furia inocente de lo altísimo?
¿Que hay consuelo después
como hay ahora
desconsuelo y salimos
despiertos de este sueño
y no al contrario?

Qué batalla la nuestra
si es tan dulce
a veces
cambiar esas miradas
con la luz
y si también la noche
se siente que cobija
a ratos
lo que nos duele atrás
de lo que somos.

Lo pienso ahora
que parece que te vas
y estás quedándote
al mismo tiempo en todo
lo que veo. Y no se pierde
tu forma, rasga un velo,
me digo, que entorpece
mirar lo que está ahí,
lo que sentimos
amar, y cuesta irse,
confiar en la ilusión
que, cuentan, es
lo misteriosamente
diferente
y no la nada.


De Flores que prefieren abrirse sobre aguas oscuras, Bajo la luna, 2008.

Eran tres los que leían

Eran más los que escuchaban



miércoles, 25 de noviembre de 2009

Cierre del año

VIERNES 11 DE DICIEMBRE

20 30 HS

Martín Armada -
Sonia Scarabelli (Rosario) -
Daniel Samoilovich

En el Centro Cultural Abasto
(Gallo esquina Humahuaca)

sábado, 10 de octubre de 2009

Vanina Colagiovanni

Encomendada

Será casualidad si se ven las cosas de color verde
se cubre todo lo que queda
dentro de las cuatro paredes
de una habitación
de un ligero
tono verde: casi gris, casi amarillo
según la luz.

No es casualidad si en el entretiempo entre un día y otro
cuando los días se enganchan como dos dedos en tensión hasta
/soltarse
ese verde ligero se oscurece
casi lila, casi marrón
entonces, ese día no se engancha, queda suelto hasta que funde
a negro.

No es casualidad, más bien parece una excepción
dada para establecer una causa, un vínculo
entre verde y marrón, entre un día y el día que está más lejos

y estuvo aquel día que se vistió de bermellón para no ser perdido
/de vista
igual que una niña lista en la edad media, corriendo por el bosque
por un camino de flores hasta la casa de su abuela
o la que recibe una manzana roja de una bruja negra

ella es la encomendada y la encomienda
el encargo que aparece entre las ramas desaparece entre los
/pétalos

quiero que se cubran de verde claro mis manos.


Azul pálido


es el color del oxígeno en estado sólido

el de un día de duelo que comienza cuando el sol
enceguece apuntando directo a los ojos
y la caravana
de pensamientos sobre el pasado arruga el ceño

no va del presente al pasado la memoria
es al revés
cada vez que se llega al día de hoy
es porque se atravesó una bruma de días
-descoloridos, vacantes-
que resuenan como un pasillo vacío antes de que lleguen
los objetos a traer otra acústica

mudarse es cambiar de sonidos

habito otro espacio
después de haber recorrido una hilera de recuerdos
que no dan sentido alguno
pero de un modo u otro
llegan a hoy

y a este
azul irrespirable.


Lado de bruma


Un lugar para deshojar margaritas
otro para los chanchos que corren entre ellas
un lugar para oscuridades, otro para llegar bien al fondo
de una caja sin fondo
uno para enredarse, otro para desovillarse
un lugar para el ceño fruncido, otro para amor florido
uno para el amante insano, otro para el guante arrojado

para la bruma detrás de la que se adivina
un pretendiente
uno para el desquite
para el agite, para el infle y el reviente

un lugar para el gusanito que se instala
en el hueco de una idea largamente acariciada
que se estira, encoje, se alarga
la engulle y nada.

un lugar para el tiempo sin medida
una pista de baile encerada para que se deslice
una flota de ardillas en picada

una revista que en cada hoja se desvista
una carrera en el tiempo que se tarda
en llegar a la mecha encendida en la cocina
para el óxido

un lugar para el sueño, el descanso, el acurruque
otro para el hamaque y el despierte.


Páramo

Que la musa aspiradora barra
con todo y con todos
que declare estrépitos
y se siente a esperar que los suburbios de una imagen exploten.

Inéditos

Gabriel Cortiñas


















una cárcel a medio demoler
y el ruido continuo de un helicóptero
martillo eléctrico
del aire, que no despega
por la madeja del recluso
minotauro
a Caseros la consume una hélice invisible

***
es un mito que las paredes son de tela de frazada
mil ovejas inmolaron:
voluntad amor un himno la venia
desgracia de morir en la frontera
mil ovejas de pan
con gran capacidad de fuego, mil ovejas
al frente y después
al paredón con los restos
las paredes en Caseros son de lana
con los hilos de la barba del millar
de los cuerpos macerados en vinagre
del recuerdo al silencio el paso
pequeño de un infante y su primera palabra:
Guerra

estopa con sangre de lana, ovillo de carne

es un mito que las paredes son de tela
o pelusa de vicuña cansada
en Caseros el sol no pasa

***

ovillo con carne de lana
la frazada de Caseros es el fresco vivo de la guerra

***

la capilla del penal es bajita
un diskette insertado en lo alto, de la torre
el techo es el piso
de una ermita para enanos

sólo se entra en cuclillas
el altar vacío y una cruz con dos saleros el Cristo
de la capilla no entra parado, hace la plancha
de lunes a domingo, siempre
en blanco y negro


***

el Ameghino
un parque un valle un badén
algo en declive frente al penal
puente levadizo, no
la cincha de carne en jirones
de cuerda
del Muñiz a Caseros la fachada
y la piel se deshacen –galletitas–
el hongo blanco que come la pared
blanca que come
el sida y la cárcel soportan
el sexo de la liebre

el Ameghino es un puente de sol
entre tubos de oxígeno

***
la topadora subió a la terraza
habrá que asumir la metralla invisible
el canto entrecortado
de un final tartamudo

***

¿viste que rápido que van?
en dos meses no la vamos a ver


faltan sesenta días para el parto
los colectivos seguirán pasando por ahí
el barrio verá crecer otro hijo
un parque, edificios, oficinas
o el ruido que nacen las moscas

Inéditos

José Villa


EL DÍA

Ella apretujando la mejilla
contra el vidrio, aplastando
las yemas de los dedos
para tocar... ,
revolviendo la espuma
del puchero [y] cantando
una canción entre de cuna
y de lamento: remordimiento

Yo que escucho la voz de las
mujeres pájaro
diciendo diciendo
cuando giro hacia atrás mi
cabeza y oigo mi edad

El sol que ocupa el vidrio
donde ella había sollozado


ENSAYO

Sentada frente a la ventana
a medida en que la noche se vuelca
dentro de la habitación
va quedándose cada vez más quieta

Los rasgos oscuros ganan lugar
y permanece allí mirándome:
soy su hoja húmeda que arrastro
mientras me voy, es su brillo


BEBEDERO

Antes que el día termine
emprendo un viaje
medio gótico
un poco despeinado

Los perros me ladran
a la altura de la plazoleta
De la carpintería sale polvo
en madera

Me observás llena de
picaduras resecas
sobre un guante gris


EL SEGUIMIENTO

Al oeste una nube
de humo y hormigón, el
edificio gris de la cárcel
de caseros Hacia el sur
la capa de smog se adelanta
con reflejos estáticos:
el cielo que debe haber detrás
Hacia el río dos velas pasan
por el óxido verde
En la penúltima cornisa del edificio
blancuzco sobre la orilla
la plataforma de la X
que un pájaro trazó con otro


CAMINO DE VACAS

En el vidrio de la puerta
la sombra de un parante del toldo
(inclinación gris)

Más atrás el reflejo,
la figura de un hombre yendo hacia él

En la parte más oscura de la doble hoja de vidrio
de la puerta
Alguien mira hacia afuera
pero no ve todo esto

Es más probable que antes de mirar
en esa dirección de la que no provienen
los reflejos
se haya fijado en el reloj, corola de un mueble,
haya dicho, alto tocador,
las 10 menos... tantos minutos

Al frente al lado de la puerta que contiene
reflejos un sombrero (de pescador)
colgado de un clavo

Más abajo un teléfono
en la pared con el auricular entrando
en la horquilla del tono
y el cable que al final hace un 8

Eran dos los que leían


Eran más los que escuchaban






martes, 29 de septiembre de 2009

VIERNES 9 DE OCTUBRE
20 30 HS

Vanina Colagiovanni - Gabriel Cortiñas - José Villa

En el Centro Cultural Abasto

(Gallo esquina Humahuaca)

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Irene Gruss















La nave va

Echa luz, máquina de faro, así te veo,
ojos y mente irritados, aturdidos,
puestos sólo en el círculo que gira,
no se apaga, gira;
echa luz, que no sea euforia el viaje
sino entusiasmo, es decir gracia de dios.
Aquí las mordeduras de lo que ayer fue pez
y la barcaza que va a tierra,
a cielo, a mar abierto va.
La nave es un desastre y sólo tengo sed
y un mascarón mordido ridículamente en el costado,
esto es
arrogancia del que no sabe
o no pudo llegar ¿a dónde?, ¿hasta aquí llegamos?
Como una espada sola, atenta y oxidada ruge,
échame luz, máquina de faro,
o nos estrellaremos.

---

¿ALGO que lamentar?
Esa burbuja
o el dulce asunto,
envés de qué,
un gesto quedo,
como una mala traducción: qué de lamentar
si uno no sabe lo que da,
si uno apenas dice o calla.
Reparar, dice, reparar,
lo ido o lo deshecho,
la simple necesidad perdura
o el corazón se acaba.

De La mitad de la verdad, Ed. Bajo la Luna, 2008

Remordimiento


Nunca tuve
lo que se dice una buena dentadura.
Con mi boca mordí
Su nuca, su garganta,
la forma de morder
se fue adecuando
al poco calcio, la poca fuerza, a
las piezas postizas y a las que
fueron salvadas. Reír, eso quise.
Perdí las ganas de morder,
como quien deja la vida a un costado,
la ve ahí,
un vestido de fiesta doblado en la silla.

Llovió sobre el jardín, gotean
de lluvia y de un rocío nocturno
bombitas de colores.

Ahora, con lo que tengo dado
y quitado, con mi boca
beso,
y cada noche, antes de dormirme,
ruego a dios
no morir con los ojos abiertos
los dientes apretados.

El crujido

Ya no la inmensidad,
La luna perdida entre las nubes asculta algo
que no es nada.
Se acabó el brillo y el fulgor se detuvo,
como un espasmo, se detuvo mi mano en el aire
que acabó con todo.
Un no más intenso que el sí
de las niñas, esas que creían
en el destino y en las mareas,
la luna perdida entre las nubes,
esas que corrían a arrancar amapolas,
con la boca succionaban el tallo
de cada cual, raspaban con los pies rocas
hasta roerlas, más que el aire y el agua,
el tiempo perdido de las niñas se acabó,
como un espasmo; ni un sólo gemido en la noche,
cruje la intensidad, se derrama.

De La dicha, Ed. Bajo la luna, 2004

Florencia Minici


















Helicultura

Este individuo puede vivir tranquilo
adentro de un taperwer o una caja
de cartón o plástico, siempre y cuando
se le aseguren ciertas provisiones:
harinas mezcladas con calcio
en bidones chicos;
lechuga cuidada del ciclo
de la descomposición.
El individuo a criar, Hélix Aspersa,
con poca esperanza de vida
y un peso demasiado liviano para su velocidad,
no presenta problemas
para la reproducción.
Casi todos los e- books
hablan de un promedio de ochenta huevos
si la tierra es bien cuidada
en la maceta que debe colocarse
adentro del taper.
Es difícil entender si estos libros
tienen por objeto la burla, el erotismo,
el cultivo de la paciencia, la emoción
por la vida de las pequeñas cosas;
o nada más su objetivo
es vincularse con cierto núcleo
de pequeños emprendedores,
dispuestos a pagar altos impuestos
por animales, que de a toneladas transportados a Lima,
desaparecen de Yacyretá, apareciendo luego
en los instructivos
que suman voluntades
a la sana pasión de observar la vida.
El curioso, puede encontrar un padre,
en el criador experimentado
y propuestas fascinantes: uno a uno se atan
de mutua atención; llegan a un punto tal
que no se distinguen
en el uso de su técnica.

---

Tokio se desplomó en el 23
cuando las casas eran bajas,
anchas, de madera,
de bambú y de papel. Desde la playa
me mordí los labios sin dolor,
en Mar del Plata,
con la noticia de que
para 2010
van a reformar el código Japonés de 1955
que calcula los principios fundamentales
en la defensa contra seísmos. Entonces
iba a poder tener una casa
con vista al mar, enrejada
indestructible. Todos los edificios
deben ser construidos
según la enseñanza de Tokio:
teniendo en cuenta una fuerza sísmica
lateral y proporcional
al peso del complejo habitacional,
Torres de Manantiales
o cualquier corporación del tiempo libre.
Tenía cerca una familia bien bronceada
con el mismo Clarín:
qué buena la línea de Tokio, mi amor,
ahora con el suelo y el riesgo
que su naturaleza nos pone en cada verano,
no se puede ir al mar
sabiendo si se va a volver
o si se va a flotar
entre las mesas de un restaurant
y los perros, y las cucarachas
que habrán sobrevivido a la bomba atómica
pero que a un tsunami
no; no volvemos
a Manantiales nunca. Con el mismo Clarín
la mujer más práctica que vi en mi vida
envolvió unos churros
y les dijo, vamos, está el viento
soy esta mujer, y no quiero
ser tragada en el mar, ni en los escombros,
no veraneemos
hasta que Tokio vuelva a derrumbarse
y la ingeniería de refugiados del MIT
conciba un código más perfecto
todavíaque el que está por venir.

----
La guerra

1

odio Vietnam,
cada año
más y más occidental
cae de todas las bocas que toco:
comentan
batallas que nunca elijo, me caen
como una bomba al ojo:
una cara, amor, viajes
cortados por la mitad,
películas que dejaste
cortadas por la mitad,
miércoles o sábado, de repente
un estallido. La luz violeta
titila, en la punta de una montaña:
la selva explotada

2

Es verdad, yo tengo
un elefante en la cabeza
que galopa como una cebra
y se come a las moscas que atacan
la fruta y dejan rastro.
Tengo el Síndrome de Vietnam,
por la guerra más larga
del que la tiene más larga
contra el que no la tiene
y vive a la sombra
del único árbol en todo el desierto; así
no se puede:
elefantes, moscas, millones de dólares
un solo árbol y desierto: todo junto,
la cabeza abierta

Inéditos

María Cecilia Perna


















Golem

Estoy en la raíz de la oscuridad.
La caverna que me cubre, me ha cubierto
el cuerpo desde siempre — El cielo
único y negro
que conocí
es un nudo abovedado por encima de mi nuca. Ha sido así desde todo
tiempo posible hasta hoy.
Hoy
es algo diferente — se filtra
apenas una luz
entre las rocas cuarteadas del techo
un rayo blanco perfora
la maciza superficie de mi cuerpo — por primera vez
veo esto

hay una forma a pesar
del frío y del dolor y de las ganas
deformes de encontrar
un peso sobre el propio
oscuro peso

hay un color — nítido ahora
más allá del contorno que estas manos
intentaron armar
por muchos largos años — cartografía ciega
que corta
delimita — la aspereza del talón
del hueco
de la axila del pecho o el olor
terroso
de la palma dormida.

La materia del suelo
de esta cueva es rojiza
igual que la carne
que ahora froto por debajo de la piel — Deseo horriblemente
reproducirme — la luz
calienta apenas y yo
nada conocía de este sucio sentimiento.

No sé quién me escupió en este espacio muerto.
No sé qué hay de mí
además de esta estrella
que llevo tatuada en la frente — No la veo pero puedo
delinearla al tacto.

Debo ser
Dios mismo — debo
intensamente ya
reproducirme.

El agua
gotea incesante en la caverna. Quiero un hijo
y mis manos
conocen perfectas los contornos
de este cuerpo horrendo.

La luz puede ayudarme —
el barro
y mis manos
lo construirán con mi forma
idéntica — y a un tiempo
tendrá eso que me quite para siempre
estas ganas espantosas
de volverme contra mí.


Noon

La perpendicularidad de Dios
sobre la tierra
dura nada más unos minutos — justo antes
de la Nona
se hace su poder
particularmente extraño:
podría él a esa hora — de hecho
perforarnos la cabeza con un rayo —

La luz
de su mirada ubicua
se posa sobre el centro irracional
de nuestro cráneo — punto ciego
desde el cual se trazaría
la línea primordial que nos traspasa el cuerpo
a todos
y directo hacia la tierra — por fin
nos destruiría — tal es la fuerza asoladora
de sus ojos —

Su poder
aumenta de tal forma al Mediodía
que nosotros
somos apenitas sus reptiles
erectos a la luz
pequeñísimos monstruos hambrientos —

Es por tal motivo que debemos
— después del Mediodía
cantar en somnolencia
un salmo diminuto de alabanza
una ofrenda mínima de voz — misericordia
de animalito muerto
apenas renacido en las palabras — que fue presa
— perfumado
sobre la mesa tendido
a la cruel voracidad
de nuestros dientes.


Dragón Blanco

Así — estirada en la madera
húmeda del muelle
con el cuerpo enrojecido — el sol
me cubrió toda de escamas.
Años esperando enamorarme — así
del río
brotado de peces y de dioses
suaves
niños masculinos — protectores
que huelan como escamas.

Años — boca abajo en el muelle — la pierna colgante
estirada hasta la punta
de los pies en el agua — quebrando apenas
la tensión en circulitos
concéntricos brillantes
mis dedos aturdidos en el río. Pero del agua
nada proviene

el Dragón baja volando de los cielos
su rostro
de perro y de anguila
no asecha y desciende hasta mi nuca —
me roza apenas
— serpiente de escamas calientes
aterciopelada
su panza de fuego aplasta mi cintura y se levanta
estoy obligada —
a girar de espaldas sobre el muelle
de boca al cielo — veo
subir un hilo de luz al infinito
hasta perderse
mi corazón — supo que era él y ahora se hunde
silencioso en el limo.
— Nada proviene
del agua.

Los ojos se me nublan contra el cielo
respiro y parpadeo
y el río a mis espaldas
se contamina de mí.
— Silencio
de todo murmullo hasta que estalla
el muelle entre mis piernas
y la cabeza blanca
asoma desde abajo y se desliza
áspera de limo — húmeda de escamas
el cuerpo es de una anguila
me levanta — lejos de este muelle
al cielo
o en el agua —

desprendida
me encuentro para siempre
atada a la criatura que esperaba — los dioses masculinos
de repente
disputan en mi cuerpo la batalla infinita
del río contra el cielo
— me desarman
pero al mío
lo tengo entre los brazos y lo aprieto
así no se desunen
las piezas en el alma.

Eran tres los que leían


Eran más los que escuchaban


miércoles, 22 de julio de 2009

Volvemos!!!

VIERNES 28 DE AGOSTO

20 30 HS



Irene Gruss - Florencia Minici - María Cecilia Perna


En el Centro Cultural Abasto
(Gallo esquina Humahuaca)

viernes, 5 de junio de 2009

Nos mudamos

al Centro Cultural Abasto

Gallo esquina Humahuaca.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Horacio Fiebelkorn

Humo menor


Y ves los túmulos de hojas secas
a metros de esos chicos de guardapolvo
que se hamacan en la plaza.
Es un mediodía cualquiera, y los juegos
ocurren entre risas, abrigos, vendedores.

Del amarillo al gris las hojas
se vuelven humo en delgadas columnas.

Del gris al azul el humo
sube a la nube, se arruga y
desaparece.

No estuviste acá, en el lugar
donde no está lo que antes
parecía, y tampoco
el que creyó mirarlo y ahora
se pierde entre el humo que fuga
hacia el vacío.


Todavía

Todavía está por responder una pregunta
hecha dos décadas atrás, que lo dejó
paralizado.
Con un poco de suerte, en quince años más
podrá explicar lo que le ocurre
esta misma noche.

El sueño

El hombre que se sueña
en un coche en medio de la ruta,
advierte que ya no hay combustible
y se esfumaron el volante
y las puertas. No hay más salida
que despertar una y otra vez para huir
de ese auto sin nafta,
sin puertas ni volante.
Las escenas que van quedando atrás
bordean rosales y limoneros de los que cuelgan
algunas cartas y fotos que muestran
varios juegos de muebles,
un domingo de sol,
y autos usados de marcas diversas.

Quién pudiera lograr una velocidad

Quién pudiera lograr una velocidad
negativa, o sea mayor al infinito.
Llegar a la esquina antes de partir
hacia la esquina. Que oigan lo aún
no dicho, ante la chance de quedar
sin voz. Esta cuestión de espacio
vacunará cualquier idea sobre el
tiempo, ya que por ahora
nada supera a Bertoldo El Feo
–Bélgica, siglo XII, jorobado,
lleno de bocios – que al responder
sobre la cosa más veloz dijo
“el pensamiento”. Más que la luz
aunque el cuerpo recomiende
calma, y no perder de vista
las luces lentas, lo espeso
del aire oscuro que anticipa lluvia.
Pero en caso de que escuchen
lo que todavía no dijiste, y den
por consumados los actos no ocurridos,
sería posible que un día te consideren
muerto y se limiten a esperar
que no llegues tarde a tu entierro.
No sea cosa que el tiempo y los relojes
cuenten versiones distintas.

Cada vez falta menos

Cada vez falta menos para
que anochezca entre bocinazos.
Para que acabe la canción y
se prenda la TV. Cada vez
falta menos, menos para el
camión de la basura.
Cada vez el sol y la basura
dorada. Pájaros blancos
en los que pega el sol de la
autopista. Cada vez falta
menos para verte allí. Falta
menos cavidad para que el hoyo
se agrande. Falta menos pero
faltan libretas para decir
lo que falta borrar. Falta
un nombre, dos, tres, montones
de nombres en la lista. Falta
menos para que oscurezca.
Menos en dar la vuelta
sobre la cabeza. Menos falta
para el tallo que nadie. Falta
cada vez menos, más,
menos que nadie, minutos,
cada vez, nada, un poco
menos, casi, cada vez falta
lo que falta, menos que menos.

De Elegías, Ediciones al margen, 2008.