sábado, 26 de mayo de 2007

Heber Ortiz


















La naranja

desnuda
cuelga su cáscara
al sol

se seca
se reseca
espera

como ella
estoy acá
en la otra orilla

Para que sepa

como turista
recorro las calles
de mi pueblo

huésped
sin lustre
en la comarca

sin casa fija
ni barrio
ni bandera

sólo dos puertos
que me llaman
y me alejan

para que sepa
aprenda
dónde estoy
de dónde vengo
a dónde soy

Mientras hablamos

agotadas las palabras
nos las veremos
con la embestida del silencio


Viajante


corre la correa
cae el balde
plash!

regresa despacio
sube el balde lleno

una y otra vez

viajando en silencio
por una roldana
está la correa

gastada

cansada

Insomnio


la noche se enciende
festeja

la cama se enfría
se moja

una mano blanca
la cubre de sal

no puedo dormirme

unos ojos quietos
me quieren ahogar

Beatriz Vignoli


















bbbbbbbbbbbbbb

bbbbbbbbbb
bbbbbbbbbbbbbbb
vvvvvvv
Ifigenia


Padre: la suerte de tus armas
no dependía de mi muerte.
Nada une a la cordera con tu enemigo.
Nada unge al metal.
No hay magia en las estrellas
y la sangre, diversa
jamás entrará en la letra:
nada unge al metal, el fuego
no tiene nombre. Mis heridas
no serán un eco de las tuyas
más que a través de aguas imposibles.

Esenin en la ventana


Los tiernos se suicidan en invierno
y nada de la primavera los sucede.
Han padecido el verano, el amor calamitoso de los otros
y el otoño prometía ser siempre así.

Los tiernos tienen alma en vez de piel
y prefieren, aunque sea lo último que hagan,
abrigarse en su sangre,
en su sangre toda como en un manto púrpura.

Al calor de la propia muerte mueren
cayendo en ella como frutos, como gatos
que nacen.
No les pertenecerá ese frío terrible.

Traicionados por la tibieza del otoño
se suicidan los tiernos.
Hechos nieve los hallará la primavera,
que por ellos venía.

La canción de Franz Biberkopf

Mi alegría de amar es mi miedo a matar;
no es soledad, es vértigo.

Crucificado en la verdad por mi palabra
de varón alemán, todo he perdido
menos saber. ¡Ay, qué lejos estoy
de mi alegría!

Una mentira, pronto, que me salve:
palabras como cuchillos que se van
por donde no debieran, date así
a mi mordisco, manzana del Edén,

Berlín;
ámame, mundo.

De Soliloquios

El acero de Glasgow

Con todo le tiramos y esto sigue viniendo.
Es soltar este fierro o volarse la cabeza
pero ni una bala hemos dejado.
Imposible se ha vuelto mi disparo y en esta disparidad
desaparezco:
no hay forma en este fin,
ni la del mar. Habrá un lugar vacío
donde yo esté.

DAFNE

a Hugo Padeletti

Ser verde en el invierno,
ser brisa y ser azul,
deprisa:
que padre río me transforme en árbol.

Debo espejar lo eterno en el instante
del brillo,
ser la cava del grillo:
que padre río me transforme en árbol.

Entre las hojas el trueno al sol murmura;
yo huyo en la espesura.

No quiero ser la cosa
que un dios rapta y destroza
y durar como resto:
dadme al pesto.

Que padre río me transforme en árbol.
Sólo existir apenas,
floral, obscena sombra de la gloria
en una vana frente. No la afrenta
de Apolo.

Prefiero vegetar, vegetalmente.
Que sea sueño toda mi memoria.

De Bengala, inédito

Luis Tedesco


ARTEPOÉTICA (II)

Eso que se ve, la caparazón de eso que se ve, la rajadura, el resquicio, el lugar agujereado de eso que se ve, su posteridad, su mínimo claquear en el detalle, ese quequequé, ese dondequesefué, ese dondequenoestá, la forma semisuelta del encierro, la silueta, Plotino, la desemejante silueta del aujero, la naturaleza contraria de eso que se ve, la deyección de todo lo crecido, esa sintaxis, Plotino, su fluir desmoronado, la timidez de ciertos entusiasmos, el chillido abombado de la especie, esa materia que ya no reconoce, arrancada de sí, apichonada, en las formas erectas de su talla, sin unidad, sin brío azaroso su brisa cantable, esa cosa en la rotura de las cosas, el polvillo que su temporar descarna, esa cascarita en la cosa que se ve...

DOLOR (II)

Descendamos, Anaximandro, nada queda por conocer aquí, la risa de los dioses nos sucumbe; regresemos, el resplandor taladra, el aura hiede a sotanas, a semen trascendente; no es el infinito el origen de los seres, ni el más allá hará de nosotros pedazos vivarachos de neblina; desapareceremos, así como aparecimos, así desapareceremos cuando nuestro último gemido no sea ya palabra; descendamos ya, Anaximandro, si hubo un Padre, si un Padre nos cobijó con caricias y alimento, no hay voz de Él que acuda ni figura afín a la nuestra que aquí lo represente; sea que la densidad de estas latitudes haya carcomido sus límites sensibles, sea que la materia terrestre nos haya desfigurado, nada cognoscible nos reúne con la altura; ni siquiera el pensamiento, Anaximandro, puede hacer que el Padre, si es que hubo un Padre, nos retorne su postración gigante, el amoroso sobrevenir de su tardanza; descendamos, Anaximandro, volvamos a lo nuestro, extraño el llamado de mis hijos, extraño en mi cuerpo el cuerpo de mi amada, extraño las callecitas del barrio y el vozarrón quemante del vecino; volvamos a las palabras, Anaximandro, ellas son el principio y la lejanía de lo que somos, de lo que nunca llegaremos a ser; esa es la tarea, nuestro dolor trabaja, hace con palabras el mundo que recibe nuestra muerte.

EFÍMERO

Si el pingo responde, trilce mi alegría, yumba el mimosear de tu cuerpito; si entrambos en el ruedo, en el catre chiflao de la masmédula, suave nos posara la taquera melodiosa; si arrobados, penetrados, desmesurados por el tintinear frutal de nuestras manos, el dolor nos visitara, el dolor, Bichito, la runfla conceptual de lo desierto, y su llama linusa nos quemara, aun así, enfermos de tiernos virulazos, sed seremos del Efímero radiante.

JARDÍN

Si mal no recuerdo, si el sinfín ondulante del pasado, o su piedra de moler, el frío de los cuerpos que ya fui, me acercaran el patio bienhechor, la simpleza cachusa de su imagen, allí dispondría mis cosas, el papel, los libros, el tabaco, la llama en mi lámpara de hierro, y desde allí vería, enceguecida aún, trepando el muro lateral de la escalera, a la enamorada, la nunca saciada, sus brotes últimos tendidos en la espera, y esmerando lo sentido, ya depositada mi sombra debajo de la parra, vería las calas, el limonero intenso, el tomate mezclado con la rosa, el donaire nupcial de los malvones, y aquel solcito, las margaritas flotando con la brisa, el galerón, la lechera, el raro azul de la lavanda, cerca de mí todo lo distante, todo mamá el color de las ventanas.

POÉTICA

Te esmerabas, poeta, en ser preciso. Buscabas el detalle, no la congestión; el versito final, no el envío, la sensación que pugna por vaciarse. Prolijo, despojado, sin pliegues de gordura cariñosa, buscabas destellos, simetrías, la invisibilidad que no se pudre, el cauto bienestar de las esencias. El sonido deshecho de palabras, el andar del silencio, eso buscabas, tan seco fue tu tacto de pezuña, tan tieso tu potrear sin alazanes. ¿Hacías bien, poeta, en de-no-dar-te? El mundo mancha, el repasador unánime te busca, y duelen, ya son dolor tus sueños magistrales.

De Lomas del Mirador

jueves, 3 de mayo de 2007

VIERNES 11 DE MAYO
20 HS
Heber Ortiz - Beatriz Vignoli - Luis Tedesco

Club Bollini: Niceto Vega 5976


(Entre Arevalo y Ravignani)