sábado, 26 de mayo de 2007

Beatriz Vignoli


















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Ifigenia


Padre: la suerte de tus armas
no dependía de mi muerte.
Nada une a la cordera con tu enemigo.
Nada unge al metal.
No hay magia en las estrellas
y la sangre, diversa
jamás entrará en la letra:
nada unge al metal, el fuego
no tiene nombre. Mis heridas
no serán un eco de las tuyas
más que a través de aguas imposibles.

Esenin en la ventana


Los tiernos se suicidan en invierno
y nada de la primavera los sucede.
Han padecido el verano, el amor calamitoso de los otros
y el otoño prometía ser siempre así.

Los tiernos tienen alma en vez de piel
y prefieren, aunque sea lo último que hagan,
abrigarse en su sangre,
en su sangre toda como en un manto púrpura.

Al calor de la propia muerte mueren
cayendo en ella como frutos, como gatos
que nacen.
No les pertenecerá ese frío terrible.

Traicionados por la tibieza del otoño
se suicidan los tiernos.
Hechos nieve los hallará la primavera,
que por ellos venía.

La canción de Franz Biberkopf

Mi alegría de amar es mi miedo a matar;
no es soledad, es vértigo.

Crucificado en la verdad por mi palabra
de varón alemán, todo he perdido
menos saber. ¡Ay, qué lejos estoy
de mi alegría!

Una mentira, pronto, que me salve:
palabras como cuchillos que se van
por donde no debieran, date así
a mi mordisco, manzana del Edén,

Berlín;
ámame, mundo.

De Soliloquios

El acero de Glasgow

Con todo le tiramos y esto sigue viniendo.
Es soltar este fierro o volarse la cabeza
pero ni una bala hemos dejado.
Imposible se ha vuelto mi disparo y en esta disparidad
desaparezco:
no hay forma en este fin,
ni la del mar. Habrá un lugar vacío
donde yo esté.

DAFNE

a Hugo Padeletti

Ser verde en el invierno,
ser brisa y ser azul,
deprisa:
que padre río me transforme en árbol.

Debo espejar lo eterno en el instante
del brillo,
ser la cava del grillo:
que padre río me transforme en árbol.

Entre las hojas el trueno al sol murmura;
yo huyo en la espesura.

No quiero ser la cosa
que un dios rapta y destroza
y durar como resto:
dadme al pesto.

Que padre río me transforme en árbol.
Sólo existir apenas,
floral, obscena sombra de la gloria
en una vana frente. No la afrenta
de Apolo.

Prefiero vegetar, vegetalmente.
Que sea sueño toda mi memoria.

De Bengala, inédito

2 comentarios:

qcatu4dy dijo...

nice post




Cheers

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Anónimo dijo...

beatriz tus poemas son de una fuerza increible. Es el verso justo; nada de menos, nada de más. Una poesia sustancial. Queda resonando en la memoria...(santa cruz)