lunes, 7 de abril de 2008

jueves, 3 de abril de 2008

Gustavo Gottfried
















las hijas de Lot


las hijas de Lot dijeron
ya no quedan hombres
y durmieron con su padre
era lo que siempre habían querido
la destrucción de Sodoma
fue la excusa perfecta

pedernal


un niño es librado a la extensión
por los dioses que
en un silencio colonial
escriben la historia
con un rastrojero bajo el sol
del mediodía


una piedra a orillas del río


el agua percibe su presencia muda
ella se deja abrigar
por esa manta y sueña

a veces con el mar
pero está sola
en la pampa que esmerila
las patas de los caballos

mañana quizás
alguno se arrime para beber
y hunda la piedra
bajo su peso firme


mientras tanto el agua
se pliega en círculos alrededor

(De Un Rastrojero bajo el sol, Huesos de Jibia, 2007)

Ultravioleta


Dicen que me expuse al sol del mediodía, que caí en la trampa del mar, del viento, y su perfume salado me atrajo, inevitable. La luz del sol es traicionera en nuestras costas; ya feroz, ya esquiva, siempre lleva al frío de la noche. Sin embargo, el ardor que deja el día es, a veces, suficiente para abrigar mi paso por las calles en las que no te encuentro. Y aunque la arena desgaste, en tu ausencia, cada uno de mis actos y su lazo corredizo los ciña, de mi piel, esa aspereza siempre será dulce.


Inédito

Silvio Mattoni


















el primer impulso

Quisiera descuidarme de mí mismo
como la primera vez en que algo raro
me agarró de los pelos y me puse
a escribir, solo, sin ningún motivo.
Cuando reaccioné, había pasado
casi toda la tarde. En la calle
mis amigos se estaban despidiendo,
y me asomé al balcón, pero no quise
gritarles. Hacía poco, me habían
separado del coro del colegio
porque me abandonaba mi registro
de contralto. Empecé a estar absorto
contemplándome. ¿Qué era esa cosa,
ese murmullo incesante, quejumbroso
o felizmente escéptico, fluyendo
en mi cabeza apenas las acciones
se demoraban? La única forma
de parar eso era pinchar el tubo
y hacer correr la tinta hasta que el chorro
disminuía. Pero aquel rapto
en la siesta de un barrio silencioso
no vuelve ahora. El pensamiento impone
su red de frases, aunque aún espero
que la repetición no sea imposible.


domingo en el campo

¿De dónde viene el tono agudo, la forma
en que me afecta un anónimo
cuarteto de cuerdas captado al azar
de las frecuencias moduladas, viajando
en medio de las sierras? Entre los ritmos
repetidores que aturden, de pronto
esa incisión moderna en el oído
musicalmente poco cultivado que transmite
la anulación de todo lo importante
para mí, llevándome a mirar
la suavidad de aquellas lomas erosionadas
que me recuerdan algo. Manejo, vuelvo
de un campamento con mis hijas en San Marcos
donde el viento nocturno de abril
enfrió rápido todo y desarmó
una de las carpas. Tuvimos que dormir
las tres nenas, mi mujer y yo
en la más resistente, apretujados
contra la furia desatada de un momento
de la naturaleza que en verdad
no se apasiona por nada. Ya dejamos
atrás la aventura intensa para ellas,
la que quisiéramos y nunca volveremos
a tener. Pero compartimos la risa
por un instante, aunque después resurjan
nuestros tan dominantes pensamientos.
No perdamos de vista ahora el verde
claro a los costados de la ruta, la idea
de que no siempre estaremos aquí, traída
por estas cuerdas en un disco de algún loco
refugiado en su pueblo donde piensa morir,
aunque no se animó a retirarse
del todo y usa la radio para dejar
este mensaje sólo a nosotros dirigido.
Volvemos, pero: ¿acaso también volverá en vos
aquel llanto infantil que me causaba
el adagio subiendo hacia lo agudo
y elevándose absurdamente en un completo
vacío? Por suerte ellas no dejan
de jugar y charlar y canturrear
en el asiento de atrás: son un sentido
para que siga hablando y aun para el melómano
que puso solitario su cuarteto, el resto
no es más que las palabras. Sin embargo,
tuvimos suerte, fuimos educados
para escuchar. La mayoría mastica
los compases más pobres de la muerte.
Volvamos a los libros y al trabajo,
dejemos ya su abolición sonora.


historia natural

I

Era el fin de semana, me acostaba
tarde y en la noche un chillido
sonaba encima, arriba. ¿Qué
podía ser? Seguimos escuchándolo
al otro día. ¿Un pájaro, un murciélago,
el viejo emblema de la ambición
desmedida? Después de todo, no era
más que una rata alada. En la segunda
noche debí admitir que era un gatito,
acaso tan pequeño que su tórax
de mamífero abandonado no llegaba
a hacer resonar el llanto. ¿Iba a morir
sin que yo hiciera nada? Con desgano,
había subido al techo, no veía
ningún hueco que explicara la innegable
presencia del animal sobre el cielorraso
de la habitación. Dormí solo, ella
no podía aguantar aquel quejido
intermitente y que me daba sobresaltos
con cada interrupción. ¿Estaría muerto
ya? Un maullido agudo, como de lucha
del ínfimo felino con la sombra
implacable, me despierta y respiro
aliviado cruelmente porque aún
eso allá arriba estaba vivo. Era difícil
sostenerse impasible, los filósofos
se aplican ellos mismos la tortura
de cuidarse. Entre dormido y soñando,
pero como si anotara la frase, oí
la voz de uno, rockero, que inducía:
“aprendé a ser duro niño-esposo”, y yo
me negaba a volverme lo que era:
un disciplinador de animales y niñas.
Finalmente, vino un tipo más real,
con herramientas, que levantó el techo
de cinc y encontró al gato:
un color leonado y una cara flaca
que desmentía su especie, los ojos
me miraban, celestes, ¿me decían
que era pura vanidad abandonarse
a la creencia de que entre uno y otro
no había más que indiferencia? ¿Cómo
había llegado ahí y había sobrevivido
dos noches solo, sin comer, un lactante
como el que todos fuimos? Desatendí
el llamado, postergué el rescate, pero
al fin te vi, te buscamos un exilio
más dichoso. Apenas el contacto de la piel
calmaba tu graznido de pájaro con pelo.
Antes, al escucharte dos noches en un sueño
entrecortado, sentí ya el chorro
de algo que se niega a darse por muerto
y entre la sombra indiferente brota
hacia el sueño aún caliente de otras vidas.
Desde tu pesadilla abandonada, gatito, viniste
y otra vez me di cuenta de que somos
un mismo hilito de espasmos en lo oscuro
donde cazamos, copulamos y buscamos
hasta el último día lo que no tenemos.

De El descuido, Ediciones Recovecos, Córdoba, 2007.

María Medrano


















inciso tercero

Hace años que trabajo en la puerta 203.
El tema es así:
la Sra. Castillo Parra
es la titular de una cuenta corriente.
Le prestó a la Sra. Antonio
varios cheques.
Dijo que ella, la Sra. Antonio
los cambiaba en la mesa de dinero
donde trabajaba.
En realidad Castillo Parra dijo
que se los dio
por un préstamo de dinero...
y que la Sra. Antonio
le empezó a reclamar cada vez más
y más
cheques.
Que un día
la Sra. Antonio
le dijo que había perdido un montón de cheques
y que hiciera la denuncia
en la comisaría
por extravío.
Entonces
la Sra. Castillo Parra,
lo hizo.
Al momento de prestar
declaración indagatoria
la Sra. Antonio,
dijo que ella no tenía idea de ninguna mesa de dinero
que trabajaba de mucama
en varias casas,
por hora.
Que no tiene un peso
(para demostrarlo me hizo ver su boca toda negra
podrida).
me dice que si tuviera dinero,
se arreglaría la boca.
Que la Sra. Castillo Parra es una mentirosa,
que ella le hacía como de cadete.
Que la Sra. Castillo Parra
la mandaba al banco,
a pagar los gastos de la cuenta
que además
hacía otros trámites como el pago de impuestos,
etc.
Que jamás manejó la cuenta corriente de Castillo Parra,
y que además no manejaba
esas sumas de dinero.
Que el denunciante
es su ex pareja,
con quien tiene tres hijos,
dijo que está re caliente
que jamás va a impedir
que él cobre un cheque,
ya que
parte del dinero que gana
es para la manutención de sus hijos
y los de ella.
dijo que ahora se da cuenta
que Castillo Parra
la engañó
y que la quiere culpar.
Que además como la Sra. Castillo Parra es
chilena
viaja mucho a Chile
trae artesanías
que le daba a ella
en forma de pago
algunas vasijitas
que ella podía sacarle
unos tres, cuatro, cinco pesos
de ganancia
depende,
que con eso mantiene a sus hijos
que tiene uno de dos uno de cuatro y otro de cinco y medio
Que ella llenaba los cheques
porque se lo pedía Castillo Parra
que Castillo Parra siempre se sentía
mal, que no sabe qué
enfermedad decía tener

y ahora que me acuerdo
Castillo Parra presentó
exámenes médicos
para justificar que como ella
estaba enferma
no pudo verificar la
pérdida de cheques
que supuestamente le había
comunicado Antonio.

pero Antonio
dijo que no,
que ella no perdió ningún
cheque
que tampoco llamó por
teléfono a Castillo Parra
y que la denuncia
la hizo Castillo Parra
por motus propia.
Dijo que todo esto empezó cuando Castillo Parra le pidió dinero prestado
que como ella no tenía le pidió a su padre
que le dio la plata a Castillo Parra.
Que Castillo Parra se la quiso devolver con un cheque
pero que ella no aceptó
que ella no tiene idea cómo se manejan los cheques y todo eso
y menos su padre.

yo ahora
no sé a quien creerle
cuando escuché a
Castillo Parra,
le creí
ahora que
escuché a
la Sra. Antonio
le creo también
alguna de las dos
miente
o las dos
probablemente
no sé.
a Castillo Parra sí,
la proceso, eso
está claro,
firmó los cheques
y es titular de la cuenta
pero Antonio
no sé
puede ser que sea verdad
lo que dice Castillo Parra
y que también haya participado
Tengo que ver cómo lo pruebo
¿y si es mentira?

Castillo Parra también dijo que
Antonio la amenazó por
teléfono
y cuando le pregunté
sobre esto a Antonio
se rió
y me dijo que
no,
amenazas
no,
pero que la re-puteó
por todo el quilombo
que había armado.
Me dijo que perdón por la palabra .

Ahora sí,
creo que le creo.
Castillo Parra, es medio turra
me parece.
y no quiere
hundirse sola,
como me dijo Antonio.


lima de carey

abro y cierro el cierre de mi bolsito manicure
y vuelve a llamar ella
reclamándome la lima de mango de carey.
jamás se la voy a dar
no por la lima
sino por la historia sentimental
por tantas lágrimas que hicieron
barro con el polvillo de mis uñas
apretando el carey, para evitar otra lágrima
y mirar fijamente la uña limada, para
no demostrarle que estoy llorando.
ella sabe.
por eso llama
y la reclama.
ella quiere esa lima.
ella quiere mi lima.
ella quiere que yo deje de mirar su mango
de carey
ella quiere que la mire a ella
pero no la voy a mirar.
esa lima de mierda, me dice ella
esa lima de mierda no vale nada.
yo se.
yo se.
no le voy a dar esa lima de mierda
a esa que era mi amiga
y que ahora me llama
reclamándome
esa lima de mierda
de mango de carey
que no vale ni tres pesos
y que es mía
porque ella me la regaló
porque ella la compró para mi.
para mi cumpleaños
¡ella no tiene idea de lo que es cumplir 23!
ahora me voy a ir corriendo
a publicar
este poema
en la revista de moda
para que todas mis amigas
sepan que ella me reclama la lima de carey.


Inéditos

Eran tres los que leían



Eran más los que escuchaban