miércoles, 2 de septiembre de 2009

Irene Gruss















La nave va

Echa luz, máquina de faro, así te veo,
ojos y mente irritados, aturdidos,
puestos sólo en el círculo que gira,
no se apaga, gira;
echa luz, que no sea euforia el viaje
sino entusiasmo, es decir gracia de dios.
Aquí las mordeduras de lo que ayer fue pez
y la barcaza que va a tierra,
a cielo, a mar abierto va.
La nave es un desastre y sólo tengo sed
y un mascarón mordido ridículamente en el costado,
esto es
arrogancia del que no sabe
o no pudo llegar ¿a dónde?, ¿hasta aquí llegamos?
Como una espada sola, atenta y oxidada ruge,
échame luz, máquina de faro,
o nos estrellaremos.

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¿ALGO que lamentar?
Esa burbuja
o el dulce asunto,
envés de qué,
un gesto quedo,
como una mala traducción: qué de lamentar
si uno no sabe lo que da,
si uno apenas dice o calla.
Reparar, dice, reparar,
lo ido o lo deshecho,
la simple necesidad perdura
o el corazón se acaba.

De La mitad de la verdad, Ed. Bajo la Luna, 2008

Remordimiento


Nunca tuve
lo que se dice una buena dentadura.
Con mi boca mordí
Su nuca, su garganta,
la forma de morder
se fue adecuando
al poco calcio, la poca fuerza, a
las piezas postizas y a las que
fueron salvadas. Reír, eso quise.
Perdí las ganas de morder,
como quien deja la vida a un costado,
la ve ahí,
un vestido de fiesta doblado en la silla.

Llovió sobre el jardín, gotean
de lluvia y de un rocío nocturno
bombitas de colores.

Ahora, con lo que tengo dado
y quitado, con mi boca
beso,
y cada noche, antes de dormirme,
ruego a dios
no morir con los ojos abiertos
los dientes apretados.

El crujido

Ya no la inmensidad,
La luna perdida entre las nubes asculta algo
que no es nada.
Se acabó el brillo y el fulgor se detuvo,
como un espasmo, se detuvo mi mano en el aire
que acabó con todo.
Un no más intenso que el sí
de las niñas, esas que creían
en el destino y en las mareas,
la luna perdida entre las nubes,
esas que corrían a arrancar amapolas,
con la boca succionaban el tallo
de cada cual, raspaban con los pies rocas
hasta roerlas, más que el aire y el agua,
el tiempo perdido de las niñas se acabó,
como un espasmo; ni un sólo gemido en la noche,
cruje la intensidad, se derrama.

De La dicha, Ed. Bajo la luna, 2004

1 comentario:

Anónimo dijo...

... hemos visto a las mejores mentes de nuestra generacion
destruidas por el aburrimiento en los recitales de poesia.
La poesia no es una sociedad secreta
ni tampoco es un templo.
Las palabras secretas y los cantos ya no sirven.
El tiempo de om terminó,
llegó el tiempo de las ganas
y el regocijo...

L. Ferlinghetti

puto el que lee...